VIAJAMOS.

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VIAJAMOS

Viajamos.

De nuestras baldosas hipotecadas,

nos mueven.

Otras aceras foráneas ocupamos.

Invadimos los hermosos planos pictóricos

igual que torrentes pluviales.

La monumental y pétrea historia

asaltamos como una estampida

de ovejas con pastor omnisciente.

Con trajes verdes, zapatillas verdes,

complementos verdes y chanclas verdes,

asolamos la glauca foresta acorralada.

Evitan ese salvaje atropello alevoso,

los roquedos libres

aunque los piojos y pulgas les acechan.

Abordamos las aguas terrenales todas

cual un invasor ejército de medusas,

y las costas y riberas, son fusiladas

con nuestras huellas inmisericordes.

Ya no vuelan los versos ni las aves

en este ozono azogado,

las voladoras facas aceradas

lo hieren con sus cortes blancos.

Como pelícanos ansiosos, engullimos

alimentos manufacturados insanos.

Viajamos. Nos llevan. Y somos vitales

para la economía y los capitales.

 

Pródigamente volvemos, satisfechos,

nuestra grotesca vanidad derramamos.

Con nuestras dirigidas hazañas

sermoneamos a la ciudad enferma,

que en nuestra ausencia parecía sanar.

 

Reflexiona el tiempo

y llora amargamente,

comprueba que los bípedos humanos

pasan mas no están,

oyen mas no escuchan,

ven pero no miran,

quieren pero no aman,

comen, no degustan,

tienen pero no son…

 

Y el viento me recuerda,

que otras luces paupérrimas

ni siquiera pueden contar

su indigente existencia.

Son luces que no viajan,

son velas distantes,

llamas de una fogata triste

que a nadie interesa.

 

Al río imploro en los ojos del puente,

lloro, soy la lágrima penitente.

 

Viajamos(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO

Leo tus nocturnos versos.

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LEO TUS NOCTURNOS VERSOS.

Blanca oliva

de todas mis noches.

Sol de plata,

sultana moruna,

estrella maquillada

por la arena de las dunas.

Esplendorosa laguna de diamantes

en el celeste infinito.

Reina enamorada del mundo,

dueña de todas las almas.

¡Oh blanca pluma poeta

de vuelo comedido y elegante!,

leo tus nocturnos versos,

intensos y apasionados como el mar;

misteriosos como la sima azul;

divinos como la montaña que despierta;

ciertos como el bosque pensativo;

mágicos como el perfume de la oscuridad;

enamorados como las miradas de dos rojas rosas.

Tus versos leo,

alborada nocturna,

alborozo de mi interior,

mariposa ondulante.

Son tus versos, los que mi libro encarnado

declamó entre las aguas de los vientos del Sur.

¡Oh diva de plata!,

dorada por el día;

y en la noche, de novia,

con velo de encaje caminas conmigo

hacia el dulce remanso celeste.

LEO TUS NOCTURNOS VERSOS(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO

LLAMA DE AMOR.

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LLAMA DE AMOR.

En este verde…
Reluces, llama
de amor intensa.
¿Andas o esperas?

Te aguardo quieta,
viento de abril.

Brillas cual luz
en la esperanza,
mi poesía.

Ámame, flujo
de la libertad
que me apasiona…

 

LLAMA DE AMOR(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO

 

 

MIS LÁGRIMAS.

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MIS LÁGRIMAS

 

Llorando va el marinero,

llorando en el mar.

Yo le pregunto:

«¿qué hace un marinero

llorando en la alegre mar?»

Él me responde angustiado:

«¿qué son las aguas del mar

sino lágrimas de enamorados

que distantes están?»

Ello me hizo pensar

en los llantos que por ti derramé.

Mis llantos, mis lágrimas,

que hicieron del mar lo que es.

                                                                                                          (Poema del poemario Singladuras)

MIS LÁGRIMAS(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO

 

ANODINO PEÓN

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ANODINO PEÓN.

Anodino peón,

carne de bélicos estofados.

De la cruel batalla, su horizonte,

su línea primera.

Del tumulto sangriento, su centro.

En tus pies, el polvo y el horror se recrean.

Piensan tus pies en el porqué

de esta roja batalla

en la verde pradera.

La tierra, para darte sepultura,

se abre llorando.

Ella no quiere ni sus honores

ni ahora tragarte en su manto.

Ingenuo peón que la talla

das en la cruel batalla,

dentro de un soez tablero de ajedrez,

ajeno a la paz,

a tu interés ajeno.

Desde la plácida trastienda, las alimañas

de la ambición y el poder,

de banderas disfrazados,

agitan soldados y contiendas,

sus preciados metales defendiendo.

Ciudadano  Soldado, alma sencilla,

amado hijo,

padre honrado,

de la amistad amigo,

de tus semejantes amante,

no están tus enemigos en estos casilleros.

Merodean esas bestias entre el poder

y el dinero, aniquilando la fraternidad,

desgarrando el amor

en este injusto blanco y negro suelo,

donde no hay lugar para la paz,

donde huyen hasta los muertos.

¡Rompamos con amor este vil tablero!

¡Alentemos el amor fraterno!

Oh, almas nobles del mundo,

Oh, azules estrellas del firmamento.

 

ANODINO PEÓN(c) Antonio Portillo Casado

 CEDRO

Ahora a Vuestra Merced me dirijo.

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Acaba este año las celebraciones del IV Centenario de la muerte del D. Miguel de Cervantes Saavedra, el Príncipe de los Ingenios. Pero su obra imperecedera estará presente en este mundo y en el otro u otros, pues es eterna. 
 A modo de Homenaje a Cervantes, os hago entrega de este poema singular que espero os agrade y si no, disculpen Vuestras Mercedes:

Ahora a Vuestra Merced me dirijo.

Nobles damas y caballeros,

perdonen esta licencia

Vuestras Mercedes,

pues con suma diligencia

unos versos contar quieren,

sobre aquel espíritu valiente y resistente

que en buena hora nació

en la bella Alcalá, la del Henares.

Aquel que blandió su pluma y espada

por estos alfoces, villas y lares,

por ventas, haciendas y alcores,

y por esas lejanas tierras, allende en los mares.

Aquel que presto nos legó

sus bellos poemas,

sus novelas ejemplares,

y la humana andanza

de Don Quijote y Sancho Panza.

Alonso, cabalgando sobre Rocinante

y Sancho, sobre Resistente.

Muchas de Vuestras Mercedes,

se vanaglorian orgullosamente,

de a Don Miguel de Cervantes,

saborearlo y leerlo,

mas si así fuere,

vuestras almas lo disfruten

y si no, la Literatura

grandemente os lo penalice.

Ahora a Vuestra Merced me dirijo,

si a Don Quijote y a Sancho no ha leído,

gran falta y condena su alma tiene, ¡oh infelice!,

si no lo hace antes de que su vida finalice.

A salvo estoy, que conste, que yo, sí lo hice.

 

Ahora a Vuestra Merced me dirijo(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO