Ferviente marinero

FERVIENTE MARINERO

Que tú volvieras, esperaba.

Esperaba sentado sólo en la orilla del mar.

Sacudía mi cabello el oleaje y el aire.

Como fieras, las olas venían y la inmensa mar me llamaba.

En lo bello las olas me sumergían.

Se desnudaban lentamente las blancas olas

y al contactar conmigo sonreían.

Toda mi mente se despejaba al acariciarme ellas todo mi cuerpo.

Se entrelazaban y extasiaban mis sentidos.

Cuando me enamoré de las olas y me hicieron olvidarte,

me hice un ferviente marinero

para, por siempre, estar en la libre mar.

 

FERVIENTE MARINERO(c) Antonio Portillo Casado

(Poema del Poemario “Amanece copo a copo a copo”)

CEDRO

Viajamos

VIAJAMOS

Viajamos.

De nuestras baldosas hipotecadas,

nos mueven.

Otras aceras foráneas ocupamos.

Invadimos los hermosos planos pictóricos

igual que torrentes pluviales.

La monumental y pétrea historia

asaltamos como una estampida

de ovejas con pastor omnisciente.

Con trajes verdes, zapatillas verdes,

complementos verdes y chanclas verdes,

asolamos la glauca foresta acorralada.

Evitan ese salvaje atropello alevoso,

los roquedos libres

aunque los piojos y pulgas les acechan.

Abordamos las aguas terrenales todas

cual un invasor ejército de medusas,

y las costas y riberas, son fusiladas

con nuestras huellas inmisericordes.

Ya no vuelan los versos ni las aves

en este ozono azogado,

las voladoras facas aceradas

lo hieren con sus cortes blancos.

Como pelícanos ansiosos, engullimos

alimentos manufacturados insanos.

Viajamos. Nos llevan. Y somos vitales

para la economía y los capitales.

 

Pródigamente volvemos, satisfechos,

nuestra grotesca vanidad derramamos.

Con nuestras dirigidas hazañas

sermoneamos a la ciudad enferma,

que en nuestra ausencia parecía sanar.

 

Reflexiona el tiempo

y llora amargamente,

comprueba que los bípedos humanos

pasan mas no están,

oyen mas no escuchan,

ven pero no miran,

quieren pero no aman,

comen, no degustan,

tienen pero no son…

 

Y el viento me recuerda,

que otras luces paupérrimas

ni siquiera pueden contar

su indigente existencia.

Son luces que no viajan,

son velas distantes,

llamas de una fogata triste

que a nadie interesa.

 

Al río imploro en los ojos del puente,

lloro, soy la lágrima penitente.

 

Viajamos(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO

Leo tus nocturnos versos

LEO TUS NOCTURNOS VERSOS.

Blanca oliva

de todas mis noches.

Sol de plata,

sultana moruna,

estrella maquillada

por la arena de las dunas.

Esplendorosa laguna de diamantes

en el celeste infinito.

Reina enamorada del mundo,

dueña de todas las almas.

¡Oh blanca pluma poeta

de vuelo comedido y elegante!,

leo tus nocturnos versos,

intensos y apasionados como el mar;

misteriosos como la sima azul;

divinos como la montaña que despierta;

ciertos como el bosque pensativo;

mágicos como el perfume de la oscuridad;

enamorados como las miradas de dos rojas rosas.

Tus versos leo,

alborada nocturna,

alborozo de mi interior,

mariposa ondulante.

Son tus versos, los que mi libro encarnado

declamó entre las aguas de los vientos del Sur.

¡Oh diva de plata!,

dorada por el día;

y en la noche, de novia,

con velo de encaje caminas conmigo

hacia el dulce remanso celeste.

LEO TUS NOCTURNOS VERSOS(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO

Llama de amor

LLAMA DE AMOR.

En este verde…
Reluces, llama
de amor intensa.
¿Andas o esperas?

Te aguardo quieta,
viento de abril.

Brillas cual luz
en la esperanza,
mi poesía.

Ámame, flujo
de la libertad
que me apasiona…

 

LLAMA DE AMOR(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO

 

 

Mis lágrimas

MIS LÁGRIMAS

 

Llorando va el marinero,

llorando en el mar.

Yo le pregunto:

«¿qué hace un marinero

llorando en la alegre mar?»

Él me responde angustiado:

«¿qué son las aguas del mar

sino lágrimas de enamorados

que distantes están?»

Ello me hizo pensar

en los llantos que por ti derramé.

Mis llantos, mis lágrimas,

que hicieron del mar lo que es.

                                                                                                          (Poema del poemario Singladuras)

MIS LÁGRIMAS(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO

 

Anodino peón

ANODINO PEÓN.

Anodino peón,

carne de bélicos estofados.

De la cruel batalla, su horizonte,

su línea primera.

Del tumulto sangriento, su centro.

En tus pies, el polvo y el horror se recrean.

Piensan tus pies en el porqué

de esta roja batalla

en la verde pradera.

La tierra, para darte sepultura,

se abre llorando.

Ella no quiere ni sus honores

ni ahora tragarte en su manto.

Ingenuo peón que la talla

das en la cruel batalla,

dentro de un soez tablero de ajedrez,

ajeno a la paz,

a tu interés ajeno.

Desde la plácida trastienda, las alimañas

de la ambición y el poder,

de banderas disfrazados,

agitan soldados y contiendas,

sus preciados metales defendiendo.

Ciudadano  Soldado, alma sencilla,

amado hijo,

padre honrado,

de la amistad amigo,

de tus semejantes amante,

no están tus enemigos en estos casilleros.

Merodean esas bestias entre el poder

y el dinero, aniquilando la fraternidad,

desgarrando el amor

en este injusto blanco y negro suelo,

donde no hay lugar para la paz,

donde huyen hasta los muertos.

¡Rompamos con amor este vil tablero!

¡Alentemos el amor fraterno!

Oh, almas nobles del mundo,

Oh, azules estrellas del firmamento.

 

ANODINO PEÓN(c) Antonio Portillo Casado

 CEDRO

Mi Diosa

MI DIOSA.

Amanece ahora…
Buenos días, mi rey,
me musita la luna.
Buenas noches, mi diosa,
le canta mi corazón
entre olivos y jaras,
entre encinas y retamas.

MI DIOSA(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO