Juventud

JUVENTUD

Ayer mismo sentí un viento pujante,
áspero, furioso y despiadado como un castigo.
Viento que súbitamente rola y se convierte
en una aplacible brisa,
en una sutil música que encandila corazones,
en una armonía de luz y bellos colores.
Sí, vuelve aquel viento de ayer…
Ese suspiro de vida inquieto que rozaba mi cara
y alborotaba mis cabellos vigorosos.
Ese céfiro áureo que hacía reír a las olas
cuando las besaba cerca de la arena y de las rocas.
Aire de aquellas horas cautivas que me embrujaban.
Aura clara que me introducían en la belleza.
Soplo arrebatado y certero que henchía mi blanca fuerza.
Viento que en ese tiempo me abrasaba el corazón.
Fresca brisa que mi alma enamoraba.
El aire. Mi aire, mi brisa…
…juntos…éramos…
vida, fuerza, fugacidad,
rebeldía, majestuosidad,
ensimismamiento, enamoramiento,
delicadeza, candidez y amistad a raudales.
Éramos héroes, ¡dioses!
Pasábamos y todo se volvía inmóvil,
los verdes paisajes, los floridos árboles,
los valles con agua joven y las blancas montañas.
¡Oh! aquellos tiempos de gozo y ansiada e infinita valentía.
¡Oh! aquellos tiempos de caricias y amores colmados.
¡Oh esas apasionadas cartas!
¡Oh esas lluvias de besos encendidos!
¡Oh esa principiante sexualidad,
plena de tiernos y amorosos pensamientos en lo que
reinábamos tu y yo, flor de mi vida!
¡Oh! esa brisa pura que la salada mar nos regalaba
y que enamoraba nuestros lozanos cuerpos.
Esa serena brisa que de coloridos pétalos nos cubría
y en una danza de amor nos sumergía.
Aquel aire cálido y celestial
que nos despertaba aquella hermosa mañana
de nuestra primicia de amor.
Aquel aire……su recuerdo,
una sonrisa en mi alma ha dibujado.
Aquel viento…mi corazón ha conmovido.
Aquella brisa, esa ferviente compañera
que sin darme cuenta, se me fue,
se me escapó…

(Poema del poemario Amanece copo a copo)

JUVENTUD. Poema del poemario del autor “Amanece copo a copo”.(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO

Mi tierra, mi vida

MI TIERRA, MI VIDA.

Tierra centelleante y seductora.

Tierra altiva y sencilla.

Oquedad que tengo en mi corazón en este atardecer.

Triste hueco que no se colmará

hasta que mis tristes ojos por tu aurora de colores,

queden seducidos, ¡oh morena mía!

Horizonte deseado, que lejos estoy de ti,

¡qué daría mi alma por estar junto a ti!

Inevitable añoranza en la que mis tristes lágrimas seco

en este ocaso oscuro y mortífero.

Porque… ¡de añorar es lo que se ama,

lo que se lleva muy dentro de sí!

¡Pobres pupilas mías que no contemplan tu irradiante luz!

Qué mísero me encuentro sin tus verdes esmeraldas

que mi alegría fueron y ahora agudizan mi callada tristeza.

Se disgrega mi alma, desaparece mi corazón,

se agranda mi dolor.

Amarga dolencia que me obstruye, que me encoge,

que me hace más diminuto.

¡Tierra mía!, lumbre de mi cuerpo,

célula de mi felicidad. Tu ausencia…

…ahora…

…me engulle en este peñasco frío.

Mi verso, proclama mi dolor…

Sin tu sabor, sin tu aroma, sin tu calor, sin tus múltiples colores ¡tierra mía!,

la tenue y elocuente noche sureña

se torna en una capa mustia y podrida que sepulta  mi corazón.

¡Tierra querida!, te quiero ver, te quiero oír, te quiero sentir.

Sí, tengo tanta sed de ti, que seca

y mohosa va quedando mi boca.

Aquellos vibrantes y danzantes álamos

que acariciaban a mi sosegado Guadalquivir.

Aquellos álamos dorados y resplandecientes como una llamarada.

Aquellos chopos cantores de exquisitas y exóticas músicas

que la dulce y cálida brisa esparcía por tu cuerpo divino,

¡oh madre mía!, ¡oh tierra mía!

¡Oh mis pacíficos olivos por el sol bañados de luz

aquella tarde arrebatadora!

Aquellos olivos templados cuyas tiernas ramas, madre,

el don de la vida me daban al acariciar mi tez lozana.

Olivos queridos, olivos viejos, sabios olivos,

vuestros brillantes  frutos, adornos cándidos

eran de mi alma trémula.

¡Oh Madre sureña!, como me arropabas con tu azul

manto de estrellas, ¡oh  risueña!

Cómo me protegías bizarro olivo,

entre tus firmes y seguros brazos verdes

de las tormentas y frías lluvias.

Hoy tierra materna, hoy olivo amigo,

amado y a salvo quisiera sentirme con vuestra presencia.

Tierra materna y risueña jamás te olvidaré,

¡que tu hijo real quiero volver a ser!

Sentirme en tus brazos. ¡Volver a nacer!

¡Quiero dejar de suspirar!

Anhelo rozarme contigo para que con tu belleza

me envuelvas, me embrujes, ¡madre!.

Y así, llenes la oquedad que tengo, que tengo

en este corazón mío.

 (Poema del poemario AMANECE COPO A COPO. NOV 2015)

MI TIERRA, MI VIDA. Poema del poemario Amanece copo a copo.(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO

Cielo andaluz azul

Cielo andaluz azul.
Los calmados olivos
de la tierra mía pasean
entre suaves lomas y riachuelos
por jaramagos decorados.
Y yo, aire. Aire perfumado.
Aire libre, sin dogmas
ni ortodoxias.
Aire libre yo.
Libre aire. Yo aire. Yo libre.
Aire, aire, ¡ aire !
Libre aire libre.
Libre de dogmas.
Libre, libre, yo y tu libres…
volando por este azul
cielo andaluz de luz
y libertad henchido.

 (Poema del poemario SINGLADURAS. NOV 2016)
Cielo andaluz azul.(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO

 

 

 

 

 

Soledades

En esta austera Castilla
donde los faroles hablan
y las silenciosas calles alumbran
humanas moradas, te pienso…

 (Poema del poemario SINGLADURAS. NOV 2016)

 

scicon SOLEDADES (c) Antonio Portillo Casado

CEDRO