Diálogos de don Quijote y Sancho (Ucrania).

Sobre el raro vendaval que sorprendió a don Quijote y Sancho por Despeñaperros.

Cabalgaban intranquilos don Quijote y Sancho. Sabían que vida, libertad y convivencia necesitan de vigilancia porque siempre hay desalmados procurando romperlas. Entraban en tierras de Jaén. Al pasar por la angostura de Despeñaperros en Sierra Morena les sorprendió un potente vendaval con recios chorros de aire, de esos que cubren en su conjunto el cielo y la tierra y no dejan ver más allá de dos varas. Resistente, el rucio de Sancho y Rocinante daban coces a los cuatro vientos mientras Sancho y don Quijote maldecían a Eolo por haberles metido en este suceso. Pensó don Quijote que quizá fuesen malas artes de brujos o fantasmas. Una vez sosegada la ventisca se vieron ubicados en un lugar desconocido con inmensos trigales y altos edificios rodeados de caminos grises en los cuales se movían carretas sin caballos a velocidades increíbles. También oían gritar a personas en otra lengua y notaron el vuelo de objetos parecidos a estrellas fugaces que derrumbaban casas, construcciones y puentes.

–Mi Señor don Quijote, el loco ventarrón parece obra de algún hechicero para que sus cuitas sean muchas.

–Dices bien, Sancho. Son las argucias y maniobras empleadas por el sabio Frestón, mi mayor enemigo, para debilitarme e impedir el duelo entre lo que representa mi persona y su malvado caballero, al cual seguro venceré. Porque aquí, ahora y siempre lo importante, hijo, es que el bien venza al mal, la justicia al abuso, el amor al odio, la libertad a la esclavitud.

–Mi Señor, se acerca una mujer que entre coraje y llantos algo intenta decirnos. Trae un paño o tela con los colores azul y amarillo. Si lo permite le daré agua, pan y el chorizo de la alforja.

–Hermano Sancho, entrégale la comida sin duda y déjala hablar. A ver si la entendemos. Y si no, que quien escribe estas letras nos traduzca sus razones. Intuyo que algo bueno no será, pues agita las manos desesperadamente y sus abundantes lágrimas más bien parecen ríos de dolor.

Dice la señora que su país es Ucrania y no hace mucho un poder totalitario lo esclavizó y tras inmensas manifestaciones alcanzaron la libertad y la independencia. Sin embargo, otro tirano de un país anejo al suyo quiere volverles a tener bajo la suela de las botas, para ello ha invadido su nación, está sepultando las viviendas y masacra a sus paisanos si no se dejan subyugar.

–¡Soy don Quijote de la Mancha y no descansaré hasta que desaparezcan de este mundo los caballeros y encantadores hijos de Satanás! Haz esto, Sancho: consigue y provee a esta dama y a sus compatriotas de utensilios, garrotes, palos y toda cosa para golpear e inferir gran daño a las huestes de este aciago señor. A él, déjamelo, escuchará el cortante silbido de mi espada y el brusco choque de mi escudo; apreciará el miedo que aflige a esta buena mujer y sus paisanos. ¡Sancho amigo, adelante, cuando está en juego la libertad y la justicia debemos entregar hasta la vida!

Don Quijote se dirigió rápido hacia el campo de batalla y, aunque Rocinante no iba sobrado de fuerzas, conseguía sacárselas él con su brioso grito. Buscaba don Quijote por los recodos de las ruinas a las huestes infames y a los artificios metálicos con cañones que se arrastraban como orugas para lanzar fuego. Al ser visto por los enemigos, de súbito, éstos detenían sus máquinas de guerra y se asomaban riéndose seriamente de nuestro caballero mirando hacia todas partes. Pero éste golpeaba con el escudo sus hierros, hacía saltar chispas con la espada y los envestía con su lanza como un gran toro. Ante este inusitado valor, los ciudadanos del lugar aparecían cada vez en mayor número. En poco tiempo pasaron a ser como un gran enjambre.

–Señor mío –señaló Sancho–, qué honor acompañarle en esta gran acometida, no me entrometeré entre vuesa merced y ese caballero, pero, si me lo permite, con presteza voy entregando ya con mi rucio todos los avíos a la buena mujer y los suyos porque… no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, hoy por ti y mañana por mí, haz el bien y no mires a quien…

– ¡Cállate, Sancho, ata los refranes y desata tu gran ira contra estos malvados!

Al jefe de los atacantes se le erizaba la piel ante un pueblo defendiendo su tierra y su razón de existir. Finalmente ordenó la retirada, aunque no se sabe muy bien si se debió a la cada vez más numerosa muchedumbre que se lanzaba irracionalmente contra ellos o porque les costaba creer –salvo que fuese algún ser de otro mundo o una increíble pesadilla– que un caballero enjuto y entrado en años, con armadura, barba y cabellos grises, asaltara con determinación sus carros de combate sin el menor atisbo de miedo.

DIÁLOGOS DE DON QUIJOTE Y SANCHO: Sobre el raro vendaval que sorprendió a don Quijote y Sancho por Despeñaperros.(c) Antonio Portillo Casado

*(Relato publicado en la revista Raíz y Rama – Noches Estivales Nº: 9, 2022)

**(Imágenes de don Quijote: TVE)

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