¿Quién, ahora, es testigo de tu alma?

                                                         (A Miguel Hernández)

I

Me gobernaban rebeldías

cuando te cruzaste en mi luz.

Frente a mis ojos un colibrí apareció

incógnito.

Le mostré mis manos desnudas.

Miraba el colibrí.

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Vientos del Verso

Grito: ¡Universo,
dioses, tinieblas, hombre!

Pregunto:

¿Dónde están los poetas?

¿Adónde se marcharon?
¿En qué cielos transitan?
¿Conviven en el Monte Olimpo?
¿Fueron vencidos por la fama?
¿El oro enmudeció su pluma?
¿Expiraron de miedo?
¿Sienten oprobio?
¿Revolotean en el esperpento?
¿Pisan la realidad de la vida?

Por el camino
van cantando muchos juglares.

Los vates genuinos son antorchas desnudas,
critican la existencia
con el corazón y la mente.
Libres, vomitan la verdad
arrancando caretas.
Indómitos, revelan
la esencia que trasciende,
y la derraman,
en los vientos del verso.

(del poemario Vientos del Verso)

Vientos del Verso(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO

Cruza

CRUZA

Dos tierras iguales.
La línea injusta.
El pie solidario
y rebelde, cruza.

CRUZA(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO

VIAJAMOS

VIAJAMOS

 

Viajamos.

De nuestras baldosas hipotecadas,

nos mueven.

Invadimos aceras, hermosos planos pictóricos

igual que torrentes pluviales.

La monumental y pétrea historia

asaltamos en estampida

como ovejas con pastor omnisciente.

Con vestimentas y calzados verdes,

asolamos la foresta. La acorralamos.

Evitan ese salvaje atropello

alevoso, las rocas libres

aunque los piojos

y pulgas les acechan.

Abordamos las aguas terrenales

cual un invasor ejército de medusas,

y las costas y riberas, son fusiladas

con nuestras huellas inmisericordes.

Ya no vuelan los versos ni las aves

en este ozono

azogado, las voladoras facas aceradas

lo hieren con sus cortes de plata.

Como pelícanos ansiosos, engullimos.

Viajamos.

Nos llevan. Y somos vitales

para su economía.

 

Pródigamente

volvemos, derramando

nuestra grotesca vanidad.

Sermoneamos las hazañas

a la ciudad enferma,

que en nuestra ausencia

parecía sanar.

 

El tiempo reflexiona

y llora amargamente,

comprueba que los bípedos

humanos pasan mas no están,

tienen pero no son…

 

Y el viento me recuerda,

que otras luces paupérrimas

ni siquiera pueden contar

su indigente existencia.

Son luces

que no viajan, son velas

distantes,

llamas de una fogata triste.

A nadie importan.

Por ellos,

imploro al río

cuan lágrima

en los ojos del puente.

 

Viajamos(c) Antonio Portillo Casado

CEDRO